Almudena Solana

Blog y página personal de la escritora

LAS CEBRAS Y LOS MOLINOS

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Una cebra en Santander

Me gusta delirar; me encanta hacerlo. Comprendo que lleve a un primer pensamiento sobre estados febriles, esos que te hacen hablar sin sentido. Sin embargo, mi cámara sabe que no me hace falta la fiebre porque la vida ante mis ojos delira y yo me pongo rápido a bailar con ella, y deliro también. Y eso me encanta.

Me gusta ver en estos troncos de árbol una cebra gigante, tan grande que apenas le caben las patas en la foto y por eso no se muestra en su totalidad. ¿Pero no estás viendo cómo se agacha para comer en el prado?

Carlos Castilla del Pino (cuánto se echan de menos sus palabras) explicaba bien en su discurso sobre la realidad y los delirios (en su discurso de entrada en la Real Academia Española de la Lengua en 2004) que delirar no es sólo una interpretación errónea de la realidad exterior; antes que todo eso es una transformación de la identidad de quien delira... La vida está llena de gente que dice ser que es, y de nuevo Cervantes se convierte en un muchachote de hoy, moderno, actual. Eso está tan claro como que Alonso Quijano dejó de ser Alonso de Quijano y se convirtió en Don Quijote.

Un escritor aspira a llegar a la sombra de Cervantes; aspira a tener algo de su credibilidad para que un personaje que incluso el narrador nos dice que "se cree El Quijote" se transforme de verdad en él ante los ojos de todos. Esa es la maestría de quien juega con las palabras y las llena de delirios y fantasía y después de dar mil piruetas por el campo se convierten en pasto de verdad. Todo eso me dicen las cebras.

Felices delirios en 2010.

Publicado el 13/1/2010 a las 12:30

Etiquetas: fotografía, literatura, Castilla del Pino, Cervantes

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1 Comentarios.

Por Petroglifo dimorfo . El 19/1/2010 a las 21:28

LAS TÁCTICAS DE MI AMIGO PANCHO ORTUÑO

1. Aparece en el Nickjournal advirtiendo de la existencia del texto, que como siempre ha sido colgado poco antes de que su post de aviso. Ni siquiera las alarmas de Google avisan tan rápido.

2. Se pone trágico. Amenaza y protesta. Deja caer que le han quitado la contraseña, que ese mail lo reserva para los amigos y que habrá que proceder por descarte.

3. Insinúa los primeros nombres del autor de la infamia. {{Esto, junto a hacer siempre la víctima, es lo que más le gusta a mi amigo Pancho Ortuño, lanzar nombres, amenazar veladamente}}

4. Pide que borren el texto, sabiendo que en los blogs donde lo ha colgado nadie le va a hacer caso, a la vez que como si lo puntualizara aprovecha para repetir lo mismo que se dice en el texto.

5. Cuelga el texto en el Nickjournal, so pretexto de que los finos paladares literarios de los nickjournalarcadianos descubran al autor.

6. Todo el Nickjournal, participantes y lectores ocasionales, pasa a saber cómo se llaman los hijos de Andrés Trapiello, a qué se dedican, quiénes son sus novias y hasta su altura.

7. Pide a los dueños de los blogs en que se encuentra el texto que no lo borren, porque lo necesita como prueba.

Mientras Garrigues trabaja, todos vemos cubiertos de mierda a los hijos de Trapiello.

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