Blog y página personal de la escritora

Almudena Solana

Nueva novela de Almudena Solana a la venta el 21 de mayo

Descubre mi última novela

A la venta en:

Casa del libro

Amazon

Fnac

El Corte Inglés

Las aspiraciones y los trapiés

imagen

Ya lo descubrimos hace mucho con Dickens, quién mejor para mostrarnos de bruces la vida, tal y como es: un balancín entre las aspiraciones y la realidad.

Algo me hace entristecer cuando me encuentro trofeos en las baldas de un establecimiento. Siempre pienso (claro que esto son cosas mías, seguramente sin fundamento)  que los trofeos deberían tener prohibida su venta.

¿No sería mejor situarlos en algún tipo de trastienda donde sólo unos afortunados de la repartición de los tesoros puedieran acceder a ellos, casi en secreto, con claves mágicas, como quien llega a su encuentro, al fin, después de haber encontrado las siete llaves que abren siete cerraduras? Después, la inigualable sorpresa para los merecedeores.

Los trofeos se han hecho mundanos y son excesivamente asequibles para su brillo. En realidad, todo es falso, y esto es así aunque fueran objetos impagables, de oro verdadero. Aunque esto ocurriera y costaran millones de la moneda que cada uno quiera añadir, seguirían siendo baratos porque los trofeos, sin su magia, sin su esfuerzo, han quedado convertidos en algún tipo de hueca cacharrería que se ofrece en una balda comercial; ya no reposan los trofeos donde se hacen compañía las doradas aspiraciones y los traspiés.

Les hice una foto, aunque les dije. Así no os quiero. No os reconozco siquiera. No sois los que recuerdo que érais cuando deseaba ganarme vuestra compañía.

Publicado el 23/2/2016 a las 03:27

Etiquetas: aspiraciones, errores, dickens, los angeles, tesoros

[0 comentarios] Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame  Compartir en Facebook  Enviar Tweet 

Si te ha gustado el post, Envíaselo a un amigo

El sorteo del suave desprecio

imagen

 

Hay Bote de 1500 millones de dólares. Imagina lo que un dólar puede conseguir… Las estrellas de Beverly Hills y los apoderados de esta parte del mundo mandan a las housekeepers y jardineros a comprar miles de dólares, boleto a boleto, para el sorteo que pone un dinero en juego que asciende sin parar. Cuando escribo es un billón y medio.

  La Bola de energía trae BOTE!  Y llegó la revolución. El sábado pasado me resultó imposible repostar gasolina porque las personas abandonaron sus coches en los lugares de repostaje mientras hacían cola para comprar el boleto. Un poco más allá, la Ceremonia de Los Globos de Oro.

  Todos juegan, los que tienen jardineros y los que no; los jardineros, las empleadas de hogar, los paseadores de perros, las dueñas de las perritas… Es difícil no encontrarse en una gasolinera con alguien que no guarde un pequeño papel de color naranja que te recuerda, una y otra vez, lo que un simple dólar puede conseguir.

  Un dólar no es nada, ya no es ni propina. No sirve tampoco si no los apiñas a otros cuantos para tener de reserva en casa por si hay un terremoto, algo oficialmente recomendado porque, si esto ocurre y se va la luz y, por tanto, no funcionan las terminales de las tarjetas de crédito, nadie te garantiza que te den la vuelta, de un billete más grande, por ejemplo, en un supermercado.  Salvo para esto (y para muchos que no lo tienen) un dólar no es nada.

  Es el sorteo del desprecio. No hay nada que perder!! ¿Qué es un dólar? Bueno…. Se lamentan con esperanza los que tienen poco. ¡Qué barata diversión! Dirán los que tienen mucho y son adictos a las emociones más o menos sanas. En este país en el que todo se contabiliza, el baile de los números mostrará, una vez más, el poder energético tan grande que ellos mismos tienen en la vida del Norte de América. Todo cuenta, todo se cuenta, se contabiliza… Personas, farolas, millones, estudiantes, escuelas, homeless,  profesores, porcentajes…

  En la prensa, se explica claramente la improbabilidad matemática de poder resultar afortunado, en otras páginas se dan ya consejos de cómo guardar el anonimato en caso de serlo. ¡No se lo diga a nadie que compró una combinación de números!

  Mañana, cuando todo sea un recuerdo, volverá el desprecio por lo poco que costó vivir la ilusión de que algo pequeño se convirtiera en grande. Para mi un dólar es mucho. Un dólar, por ejemplo, me hizo sentir que después de casi cuatro meses, por primera vez hacía algo igual - o al mismo tiempo-  que los americanos. Supongo que no seré la única en sentir esta democracia casera. De alguna manera, todos podríamos empapelar las paredes de la ciudad con los mismos papeles de color naranja. Y eso debería aprovecharse como ejercicio artístico de algo parecido a la igualdad.

Publicado el 14/1/2016 a las 03:22

Etiquetas: lotería, los angeles 9.

[0 comentarios] Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame  Compartir en Facebook  Enviar Tweet 

Si te ha gustado el post, Envíaselo a un amigo

Navidad envuelta

imagen

Observo la Navidad así, envuelta. No escondida, no; tampoco arrinconada, no. Siempre de frente, dando la cara. Pero sí, detrás de un plástico, detrás de un mueble, en un trastero de algún lugar.

El portal de Belén podría ser hoy un  andén de metro. Cualquier hueco cóncavo de esos que crean las obras de los puentes, en las ciudades, se convierte en agreste cuna que protege del frío, del viento, y eso lo saben bien los homeless de Los Ángeles. Los agujeros rurales traen bichos,  a veces humedad, sombra; casi siempre reposo, descanso ante tanta fatiga litigante del entorno.

Ningún día es más importante que otro. Ningún trastero es menos importante que una mansión. Ninguna religión es más importante que otra. La trascendencia nos filtra la luz, la energía; y las ganas de paz deben tumbar los muros.  Si los lienzos del mundo hablaran desde las paredes o desde los trasteros, nos dirían, ey, no pierdas la vida litigando, que el amor es común a todo ser humano.

En Los Ángeles, por prudencia, no se dice Feliz Navidad, todo queda en unos deseos de Felices Fiestas, algo común para todas las culturas y religiones, igual que la risa , el consumo, la fiesta. Lo demás es prudencia. Tanta prudencia que a veces aplasta. Yo, en cambio, adoro las equivocaciones, las excepciones, las confusiones. Sólo detesto los malos entendidos, que no tienen nada que ver con lo anterior.

No encuentro la ofensa en la equivocación de según a quién dirijas tus deseos. ¿Acaso no es lo mismo en realidad? Son deseos genéricos para que, cada cual, siga siendo y estando como quiera estar en la tierra. Entre  bullicio y bolas de colores en realidad nos estamos deseando no guerra. Y paz.  

Feliz 2016.

Publicado el 27/12/2015 a las 11:05

Etiquetas: Navidad, paz, Los Angeles

[0 comentarios] Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame  Compartir en Facebook  Enviar Tweet 

Si te ha gustado el post, Envíaselo a un amigo

Una bandeja sin fronteras

imagen

 

—Es un buen tipo —admitió Slim—. No se

necesitan sesos para ser bueno. A veces me parece

que es más bien al contrario. Casi nunca un

tipo muy listo es un hombre bueno.

 (De ratones y hombres, John Steinbeck)

 

Allowance. Es una palabra que me gusta.Es bonita ella misma, y representa a su vez un buen significado, tolerancia. Hoy, aquí en Los Ángeles, todo el mundo se da la gracias, tal vez hasta algunos de los 44.000 vagabundos que cifran cada día en Los Ángeles Times, están por las calles, como los de la Quinta con la Calle San Pedro; también ellos se dan las gracias si se pasa uno a otro una sucia petaca de plástico con vino.

Aquí están englobadas todas las culturas del mundo, todos los estatus sociales, todos los sueños truncados y los sueños por realizar, las risas y las penas; la demencia, la incapacidad y la gloria. Aquí, en Los Ángeles, está el mundo en una misma bandeja sin fronteras, junto al pavo. 

 Y sin embargo lo miro, y veo en ese ave quieto y sin cabeza, el símbolo hoy de la rendición. Lo demás es fritura, compota, distracción.

 En el pasado este día significó la fiesta y la celebración por una buena cosecha, el agradecimiento por los resultados tras un duro trabajo. Hoy tendríamos también la oportunidad de celebrar un motivo real en el que estuviéramos representados la humanidad, la humanidad entera que se da las gracias por el resultado de un duro trabajo de entendimiento.

 Cada persona, en su pequeñez y su gloria, tiene mucho que elogiar, cada día. Pero hoy, todas las pequeñas humanidades deberían sumarse en una sola y mirar hacia dentro y preguntarnos más allá de nuestra propia individualidad qué motivo tenemos para darnos las gracias los unos a los otros. Deberíamos intercambiarnos, confundirnos… Ser colonos, ser recién llegados, ser israelíes que quieren venir, o franceses, o americanos, o palestinos, o madres de Níger buscando agua en el río... O estudiantes acribillados en Kenia. Todos ellos, y sus religiones,  están representados en las calles de Los Ángeles. Y más allá de sus desdichas, todas las familias del mundo se parecen cuando están, como hoy, al calor del hogar propio; en el confort de su propio consuelo.

 Ninguna raza o religión tiene en Los Ángeles mayoría aplastante sobre otra, y todas tienen su lugar. Esta ciudad, por ello, es una gran oportunidad, de ahí su energía, indescriptible. Y todas estas culturas confluyen hoy, sin dudarlo, en una sola cosa: Nada hay mejor que hacer que darse las gracias y celebrarlo con la familia, con los amigos. Si esto es así, si puede existir la unanimidad en algo, esto es ya un buen punto de partida. Si  aceptamos esta quimera y pudiéramos ver en un plano cenital cada una de esas 140 culturas y religiones, todas ellas representan la esperanza en sus casas, en el calor de su hogar, junto a su pavo (si lo han podido pagar) Pero también deben representar la esperanza fuera de sus casas.

 Es posible coincidir. El aeropuerto de Los Ángeles, rebosa estos días en su capacidad, al máximo. Y, sin embargo, esta ciudad, en esta tarde del cuarto jueves de noviembre, representa, igual que todas lo que es el ser humano, alguien que, la mitad de su vida anhela,  muchas veces llora, y a veces, ríe.

 Tal vez debería existir un Thanksgiving en el que poder agradecer a los que no son familia, ni siquiera amigos, la oportunidad… de hacernos pensar en nuestro absurdo, siendo conscientes de que lo demás es amable distracción: compota, guirnaldas de color naranja y las más drásticas rebajas del año.

 El pavo, humillado en su bandeja, cabeza abajo, debería ser un animal venerado, porque nos lleva al pensamiento y nos demuestra, por ejemplo, que la alegría no siempre es alegre, si no representa nada más allá de nuestra vanidosa individualidad. De igual manera, la pena de un pavo hacia abajo es tampoco algo siempre triste porque puede convertirse, como un conejo que surge de una chistera, en un misil compacto que lance suave confeti y oportunidad, entendimiento. Motivos para el disfrute y el agradecimiento colectivo. Allowance.

Publicado el 26/11/2015 a las 23:20

Etiquetas: Los Angeles 6, Thanksgiving, Estados Unidos, humanidad, paz, religión

[0 comentarios] Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame  Compartir en Facebook  Enviar Tweet 

Si te ha gustado el post, Envíaselo a un amigo

Recuerdos de una convsersación literaria

imagen

 

¿Y el mar? Desde el Océano Pacífico recuerdo una conversación del mar.  El mar es la esperanza en uno mismo; así nos prometía Claudio Magris en algún momento, cuando al principio de la lectura de Otro mar yo, ilusa, disfrutaba con las similitudes que hacía el autor entre la filosofía y la música, y creía que ese mar, el que alberga a los peces “que pecan menos que los hombres”  incluso podría tener extrañas similitudes con Montedidio (Erri de Luca) si uno, con cierta imaginación, pensaba en las lágrimas como agua sanadora, la primera gota de cualquier mar… “Todos los ojos necesitan lágrimas para ver”.

Pero no, en Otro mar, las aguas, ya vengan de playas rojas o mares del color azul metálico, son inactivas. Por mucho que se quiera reflejar la pérdida de las ilusiones de los intelectuales europeos en las primeras décadas del siglo XX, la pelota en el mar nunca se mueve, porque aunque este mar suba o baje, nos dice Magris, la pelota queda quieta en el mismo sitio; “el mar es un gran esplendor inalcanzable, nada deja huella en él: los brazos que nadan no lo abrazan, lo alejan y lo pierden, él no se entrega …” Creo que obligación de un autor es dejar siempre cierta rendija para que se cuele el aire, o para que haya filtraciones de agua si seguimos con el término; hace falta la esperanza, más allá de un sermón inteligentemente escrito, pero sermón agorero, negro como las aguas del océano para Homero, de las que también nos habla Magris.

 En las páginas finales, sin embargo, Magris nos habla de un mundo feliz; Enrico está feliz como nunca lo ha estado… ¡Pues que suerte tiene! Porque quien lo lee no se lo cree, y se quedó para los restos. Además ¿qué clase de felicidad es esa si solo consiste en que el mundo se aplaque?

 Después de tanto viaje, en su búsqueda de libertad, aunque viajar es morir, nos lo deja bien claro; después de confiar en el mar como solo uno puede confiar en uno mismo, después de aspirar a ver todos esos deseos que se nos prometen y no llegan, y después de aceptar con el autor que la civilización es, como la jardinería, el arte de podar… Veo que lo que queda después de esa poda es, nada. El más puro nihilismo. No es justo. Es, comentábamos el otro día, como si te hubiera tocado un pestiño al lado en una cena, y te hubiera recalcado toda la negrura que nos rodea. La literatura sin participación lectora y sin su misión transformadora carece de tanto sentido para mi.

No es menos gris el mundo de 1945 de Montedidio pero, con la vida triste, como vemos con María, uno no se puede quedar con los brazos cruzados... Además, "se necesitan zapatos, la gente se quiere casar... Cada uno de nosotros tiene un ángel, y los peces revolotean alrededor". Después de una eterna aguadilla en el Otro Mar de Magris, aquí los -bellísimos- pensamientos "se desahogan" y yo, al fin, respiro también. No hablo de calidades -nunca lo haría- sino de oxígeno y descomprensión.

Publicado el 11/11/2015 a las 20:00

Etiquetas: Literatura, Magris, Erri de Luca, Mar, Los Angeles 5

[0 comentarios] Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame  Compartir en Facebook  Enviar Tweet 

Si te ha gustado el post, Envíaselo a un amigo

©2007 | | Página desarrollada por Tres Tristes Tigres

essay
essay
romeo and juliet essay question
dissertation database search
doctoral thesis database
writing a story
who will do my homework
term paper for sale