Almudena Solana

Blog y página personal de la escritora

POR SI QUIERES LEER ESTE CUENTO

Sé que hace tiempo que no escribo en este rincón en el que nos encontramos. Aquí vengo. Resulta que, hace unos días, me propusieron escribir un cuento en el Diario El Mundo y, en pleno mar rescaté mi ordenador y cumplí.

 Aquí lo tienes, por si lo quieres leer.

¡Hasta pronto! Prometo no volver a tardar tanto en volver a encontrarme contigo.

Ficheros relacionados:

Publicado el 23/8/2010 a las 20:40

Etiquetas: Literatura, Cuento. Diario el Mundo.

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LOS AMIGOS

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Madrid, es lo que tiene. Terrazas y amigos. Uno, entrañable y magnífico, siempre presente en la ciudad, Jorge Eduardo Benavides. Y otro, Jorge Edwards, quien, cada vez que llega, trae la sabiduría que siempre acompaña a los grandes; esos grandes que sonríen como niños, y, en su caso, juegan al tenis como muchachotes en las vacaciones de verano.

Hace semanas que no escribo. Vuelan los días y he pensado que, desde aquí, a vosotros, que también me seguís desde Perú y desde Chile, os gustaría ver a este trío de amigos tomando cualquier cosa un día cualquiera.

Feliz día, amigos; si, a vosotros, los fieles que paseáis por estas páginas. Estáis invitados a esta mesa, que ya pasó.

Publicado el 17/6/2010 a las 12:02

Etiquetas: AMISTAD, LITERATURA

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SUAVE Y PUNZANTE

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Arco, 2010

 

Suavizantes para la ropa. ¿Tantos hay?

 

Cada uno se llama de una manera: Frescura mediterránea. Brisa tropical. Explosión verde. Caricias de talco. Spa bienestar. Esencia nutritiva. Gotas de colonia. Frescor azul…

 

Qué mal estamos, pensé frente a ellos.

 

No encontré mucha diferencia entre el frescor azul y la explosión verde, claro que esto es tan subjetivo, pero qué no lo es.

 

Las estanterías de las grandes superficies están llenas de pequeñas mentiras.

 

Díme, suavizante, ¿es así a lo que huele la “esencia nutritiva”? La fragancia me situó en un bar de carretera, ante uno de esos suelos de agua espesa que no seca.

 

Los suavi- zantes quieren jugar a suaves en su apariencia, pero son punzantes; a lo mejor de ahí viene su propio nombre.

 

 Me gustaría tener un suavizante bastardo; uno sin nombre ni aspavientos. Suave, discreto y nada mentiroso. 

 

 

Publicado el 07/5/2010 a las 12:19

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EL CORAZÓN Y LOS MILLONES

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Arco, 2010.

 El corazón de una persona sana es capaz de latir sin descanso y de manera rítmica durante toda una vida. Ya. ¡Vaya obviedad!, pensarás. Claro, esto es algo que no asombra; se da por hecho cuando no hay sombra de duda.

Ese músculo, el corazón,  nos acompaña durante toda la vida, en silencio. Hasta el día final, lo que supone, dicen, una media de 2.600 millones de latidos.

¿Sólo 2.600 millones?

Siempre he visto ese músculo del cuerpo inagotable; por eso me cuesta predecir su fuelle. ¿Es que hoy todo es calculable, tangible? No, el corazón, no... Es mejor la inmensidad. Dejémosle estar, que nos deje ser...

Una de las cosas que más me agrada del corazón es que dispone de la misma grandeza y derroche para la vida como para la muerte. Igual de brusco y pasional  nace,  y muere.

Y vuelve a mí la cifra. 2.600 millones latidos de corazón en una vida.

¡Qué pocos!

Será que leo cifras millonarias cada día, sobre otras cosas: apropiaciones indebidas de fondos públicos, desvíos de capitales, financiaciones irregulares... En esos asuntos, las cifras de los periódicos nunca van por cientos ni decenas. Los opulentos dueños de esos números sin decimales son los profesionales de las trampas, los paraísos fiscales, los corruptos... Ahí sí todo son millones.

Y son tantos que empequeñecen la grandeza del intangible corazón.

Publicado el 21/4/2010 a las 11:56

Etiquetas: pensamiento.

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TIGER Y EL LOBO

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En el cuento de Charles Perrault, "Caperucita Roja" se asustó al ver los dientes tan grandes del lobo feroz. ¡Para comerte mejor! Le respondía el lobo. El otro animal, Tiger, en cambio, sonríe mostrando sus dientes que casi no caben en el Wall Street Journal con el que desayuné el sábado en Atlanta, EEUU. Su sonrisa acompañó la mantequilla de cacahuete sobre el pan. Y el artículo, también. ¿Por qué las estrellas nos hacen sentirnos tan pequeños? Decía el titular.

¿Empequeñecen? Sus dientes tienen que ser cada vez más grandes y blancos para llamar la atención y para.... comernos mejor.

Me maravilla cómo la gente se reinventa. Lloró meses atrás, abandonó; se fue directo a una clínica de adictos al sexo y pidió perdón por sus infidelidades al lado de su madre. Y ahora vuelve a mostrar los dientes de tigre en su regreso al green, en Augusta. Y ni el esperpento de su puesta en escena ni la acidez de su propio estómago se ven.

El tigre vuelve y el lobo, aquél que era feroz en el cuento, está más desdentado que la abuelita. Hoy no eres nadie si no muestras blancura en unos dientes grandes, esa es la verdadera zarpa. La grisalla está detrás, debajo de la lengua.

Publicado el 08/4/2010 a las 12:28

Etiquetas: PENSAMIENTO, ACTUALIDAD, EEUU, GOLF

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