España: del hambre a la gastronomía
Empieza la semana con un "ratón de biblioteca" que firma en la revista proscritos, una crítica de mi novela "Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar". Con ese ratón de biblioteca brindaría con un buen vaso de vino barato y un potaje de puchero; que no están los tiempos para mucho más. Gracias, Proscritos, por deteneros en las páginas de mi obra y, enhorabuena por esa magnífica revista, que no me extaña que crezca cada día.
Desde aquí elevo por vosotros el garrafón. También por todos los que os acercasteis a la Feria del Libro el sábado. (Gracias por tus comentarios, Mercedes. Un saludo a Paco, Carmen, Gloria, Esther, Pirina, Angeles...) ¡Claro que me gusta comer bien y degustar el mejor de los vinos! Pero... se está poniendo este país tan repolludo que mi cuerpo me pide algo más de autenticidad y, no sé por qué, la encuentro, sin problemas, en una casa de comidas más que en la guerra de cocineros altivos que nos muestran sus artes, a todas horas, en programas de televisión. ¡Eso sí que es un empacho! ¿Estás de acuerdo?
En el fondo, la imaginación en la mesa en este país, ha estado siempre en saber cómo quitar el hambre con cuatro perras. Cuando no había nada... se eliminaba la escasez con grandes ollas. Ahora, en cambio, hay pizcas de delicia variada en platos semivacíos, claro que los estómagos están llenos... También de tontería.
Es fantástico evolucionar, crecer. Pero en este país hemos pasado del hambre a la gastronomía. Ese es el problema, que se nos nota que no hay recorrido entre medias.





