California Adventure, Los Ángeles
¿Están desapareciendo las norias? Nunca me ha gustado ese girar sobre si mismo hasta el mareo. Prefiero lo que se ve detrás, la velocidad, el vértigo de verdad; la montaña rusa, las caídas al vacío... Pero esa Noria era bonita. Subí. Lejos de ser tranquila, engañaba; me resultó más divertida de lo que pensaba porque, además de ser noria, cada pieza se movía a su vez como una góndola...
Las norias, tal y como nos muestran las películas antiguas, eran las reinas de los parques cuando acogían, por ejemplo, a una pareja de enamorados que ascendían lentamente al cielo, a dar unas vueltas sobre el aire, despacito, tomando un helado sin prisa mientras el novio, tal vez, en lo más alto, pasaba el brazo por el hombro de la chica.
Hay gente de velero; otros somos de lancha motora. Sin embargo me gusta la contemplación. Y creo que las norias en su tranquilo estilo convencional tienden a desaparecer a la misma velocidad que desaparece la contemplación. ¡Eso no! Los ojos abiertos.
Abiertos. Siempre. Con la velocidad o con la calma.






