Este hueso, que se encuentra en la cabeza de todos nosotros, dibuja la forma de un murciélago. Tiene alas. Y, sin embargo, está quieto. Y es duro, el más duro de los huesos de nuestro cuerpo. Puede soportar los golpes más terribles y aún así, la mayor parte de las veces, resiste.
Así somos nosotros, como nuestro hueso más duro de la cabeza. Aguantamos golpes y no nos resistimos a prescindir de las alas.
Así es, también, el amor más pleno, el que te quiere libre y el que, desde la libertad de las alas, se está quieto.
Publicado el 20/11/2008 a las 10:06
Etiquetas: Reflexiones
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