No sé por qué llaman "naturaleza muerta" a las escenas quietas. Disparo con mi cámara ahí, a la vida misma.
Después pienso que los humanos, al fin, nos parecemos. En verano, todos hacemos reflexiones improductivas, sin objeto.
Y es un gusto sentirse acompañado, aunque sea ahora. Que nada tenga un fin. Que el fin sea uno mismo. A nuestro lado, la silla, el agua y las paredes vacías. Y la firme determinación de ser uno mismo, aunque no sepamos muy bien nada más.
Después, cuando el sol deje de calentar, la vida seguirá siendo un mantel.
Entonces, a algunos no nos sorprenderá que los días quieran ser improductivamente fértiles, más allá de las vacaciones.
Publicado el 08/8/2011 a las 18:47
Etiquetas: pensamientos, vacaciones
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