Quedaste conmigo para comer. Lo siento, tengo que cancelar, lo dejamos para el próximo martes... Es que me tengo que ir a Buenos Aires... ¡Pero si acabas de llegar de Chile! Te dije. Y tú nada... "Vuelvo rápido para continuar en Madrid unos más y regresarme ya después". Tampoco me entró más curiosidad porque lo bueno de dedicarte a este oficio es que eres más libre que la media... Así que te dije, ale, Jorge, vete a Buenos Aires, te bailas un tango, y vuelves. Así será, je.
Me entero por los medios que ganaste el Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América con tu obra recién terminada a Casa de Dostoievski. ¡Qué alegría tan grande! Mis felicitaciones... Qué importante es saber ganar... Recuerdo cuando te dieron el Premio Cervantes, en 1999, tú te enteraste en pleno partido de tenis, en Santiago de Chile. No sobresaltos. Te imagino diciendo, ¿a quién le tocaba sacar?
Tú, que tienes apellido de gentleman, aunque tu tío fuera un inútil. Tú que tienes ese porte diplomático que te dejó tu experiencia en esos asuntos. Tú, que no puedes dejar de responder siempre preguntas que te persiguen, sobre tu obra "Persona non grata" o sobre tu íntimo amigo Pablo Neruda. Tú, que has comido decenas de veces conmigo... y me has acompañado a lo largo de las presentaciones de mis obras completas, que son escasas todavía, y has estado a mi lado, haciéndome disfrutar de sabias conversaciones. Tú te mereces todo. Y aún es poco. Estoy deseando leer tu nueva novela y esos recuerdos de juventud cuando, como dices, todos queríais ser poetas.
Pero antes, amigo. ¡El martes invitas tú! Y tú eliges, como siempre, el mejor vino.





