Estando a la espera en el aeropuerto de Atlanta, camino de Los Ángeles, uno piensa que los Estados Unidos han llegado ya al máximo de sus posibilidades, que ahí se han quedado.
Ahí.
En la ineficacia, muchas veces
En los listones medianos, ramplones
Muchos empleados para organizar colas
en el control de policía.
Y, sin embargo,
El pensamiento no se va en las dos horas de espera
hasta que, al fin llega el turno
Y te miran el ojo, y te clavan la mirada, y te graban los dedos
Todos somos sospechosos de sus sospechas
Lo que no saben es que, además,
somos testigos de su parón en el mundo.
Hasta ahí han llegado.
Testigos de ellos mismos.
Ahí se quedaron, en el máximo de las posibilidades.
Acogieron a millones de emigrantes.
Pero no luce en un aeropuerto de entrada en ese país.
No hay reducción de plantilla en estos asuntos tan serios
Hay trabajadores, por todos lados,
unos vigilan a las personas; las ordenan, las clasifican.
Otros trabajadores vigilan a los vigilantes.
Todos, en conjunto están lejos del yes, we can
porque no pueden.
Al final, el empleado último te clava el sello en el pasaporte imprimiendo carácter cinematográfico a la rutina.
Mala rutina; nefasta imagen en el control de entrada a un país
que, si no fuera porque uno lo conoce más,
se quedaría sólo en eso: sonrisas de hamburguesa, y mucha incompetencia.
Hasta ahí has llegado, man.
Publicado el 30/6/2011 a las 06:43
Etiquetas: actualidad, estados unidos
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