Almudena Solana

Blog y página personal de la escritora

EL CORAZÓN Y LOS MILLONES

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Arco, 2010.

 El corazón de una persona sana es capaz de latir sin descanso y de manera rítmica durante toda una vida. Ya. ¡Vaya obviedad!, pensarás. Claro, esto es algo que no asombra; se da por hecho cuando no hay sombra de duda.

Ese músculo, el corazón,  nos acompaña durante toda la vida, en silencio. Hasta el día final, lo que supone, dicen, una media de 2.600 millones de latidos.

¿Sólo 2.600 millones?

Siempre he visto ese músculo del cuerpo inagotable; por eso me cuesta predecir su fuelle. ¿Es que hoy todo es calculable, tangible? No, el corazón, no... Es mejor la inmensidad. Dejémosle estar, que nos deje ser...

Una de las cosas que más me agrada del corazón es que dispone de la misma grandeza y derroche para la vida como para la muerte. Igual de brusco y pasional  nace,  y muere.

Y vuelve a mí la cifra. 2.600 millones latidos de corazón en una vida.

¡Qué pocos!

Será que leo cifras millonarias cada día, sobre otras cosas: apropiaciones indebidas de fondos públicos, desvíos de capitales, financiaciones irregulares... En esos asuntos, las cifras de los periódicos nunca van por cientos ni decenas. Los opulentos dueños de esos números sin decimales son los profesionales de las trampas, los paraísos fiscales, los corruptos... Ahí sí todo son millones.

Y son tantos que empequeñecen la grandeza del intangible corazón.

Publicado el 21/4/2010 a las 11:56

Etiquetas: pensamiento.

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TIGER Y EL LOBO

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En el cuento de Charles Perrault, "Caperucita Roja" se asustó al ver los dientes tan grandes del lobo feroz. ¡Para comerte mejor! Le respondía el lobo. El otro animal, Tiger, en cambio, sonríe mostrando sus dientes que casi no caben en el Wall Street Journal con el que desayuné el sábado en Atlanta, EEUU. Su sonrisa acompañó la mantequilla de cacahuete sobre el pan. Y el artículo, también. ¿Por qué las estrellas nos hacen sentirnos tan pequeños? Decía el titular.

¿Empequeñecen? Sus dientes tienen que ser cada vez más grandes y blancos para llamar la atención y para.... comernos mejor.

Me maravilla cómo la gente se reinventa. Lloró meses atrás, abandonó; se fue directo a una clínica de adictos al sexo y pidió perdón por sus infidelidades al lado de su madre. Y ahora vuelve a mostrar los dientes de tigre en su regreso al green, en Augusta. Y ni el esperpento de su puesta en escena ni la acidez de su propio estómago se ven.

El tigre vuelve y el lobo, aquél que era feroz en el cuento, está más desdentado que la abuelita. Hoy no eres nadie si no muestras blancura en unos dientes grandes, esa es la verdadera zarpa. La grisalla está detrás, debajo de la lengua.

Publicado el 08/4/2010 a las 12:28

Etiquetas: PENSAMIENTO, ACTUALIDAD, EEUU, GOLF

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Y, sin embargo

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  Llueve.

Sin embargo, el sol llega en cualquier momento.

Por ejemplo, en ARCO.

Llegó la luz fluorescente; el corazón, el sol.

Que comparto contigo.

Cómo nos gusta el brillo, la luz, desde bien pequeños.

Las estrellas, fluorecentes, allí en el techo sobre la cama, para marcharse con ellas a las alturas.

Después, los rotuladores, implacables, bajan las estrellas a los apuntes y nos pegan a la tierra del subrayado, de lo importante.

Al final, lo más destacable es uno y lo que le trasciende; la suma de muchos colores fluorescentes. Mezcla de sol y corazón; energía y desgaste.

Y descubrimos que los rastros de luz que permanecen en la oscuridad son como las propias ganas, que nunca decaen. Las ganas de crecer de un niño, las ganas de brillar sin rotulador, de un mayor.

Publicado el 23/2/2010 a las 15:56

Etiquetas: ARCO, pensamiento

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Huellas.

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  Leo a Chesterton; la arquitectura, dice, es el alfabeto de los gigantes, el más grande sistema de símbolos jamás concebido. La novela me parece otro gran edificio arquitectónico, igualmente complejo. Nos acerca, en cambio, al alfabeto de lo cercano, lo que se abraza. Siempre he admirado a los arquitectos; tienen la posibilidad de idear esa casa de sus sueños donde poder refugiarse del mundo de las cosas grandes. Una casa en las que todo, vigas, trastos, puertas; seres y enseres, se comprendan.

Es verdad, Chesterton, el hombre ha hecho cosas casi demasiado grandes para que pueda medirlas su imaginación.

Yo, en cambio, prefiero las ruinas, esos restos que ya no planean hacia la atmósfera -tal vez nunca lo hicieron- pero sus piedras no ceden la dignidad del anclaje a tierra. Siguen ahí, reconociendo que son un deshecho de oportunidades que no truncaron pero tampoco caen del todo.

Un gran edificio arquitectónico está bien -aparentemente- hasta que debe ser demolido para que otra letra grande del espacio se proyecte. No hay huella. Si acaso, los planos de lo que  fue cuando era proyectado. Pero el paso del tiempo, hasta su desaparición, no le afecta. Muere de pie, aparentemente joven.

Las casas viejas, en cambio, mantienen la lozanía de los que esperan con optimismo. Por eso son deshechos de oportunidades que nunca se van del todo.

Publicado el 15/2/2010 a las 14:45

Etiquetas: ARQUITECTURA, LITERATURA, CHESTERTON, PENSAMIENTO

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Un pensamiento Señor Obama (5)

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In God we trust, dice el dólar. En Dios confiamos, dice el papel que manda.

Dios, Yavé, Allah,  .........  Da igual su denominación. Personas de todas nacionalidades y creencias viven en ese ancho continente que usted capitanea, Señor Obama. La máxima aspiración que tienen es llenarse de dólares los bolsillos porque a eso han ido.

In God they Trust.

Y, sin embargo, yo creo que es Dios el que confía en nosotros, Señor Obama... ¿No lo cree usted?

Ese día 4 de febrero, se monta el Desayuno de Oración en Washington. Las crónicas dicen que había 3000 políticos y empresarios del mundo; cuerpos selectos compartiendo el croissant y los intereses, que esos sí que son pan de hogaza, y son dólares... Y ahí vuelve Dios. In God we trust.

"El alma se conoce por sus actos" Dice Tomás de Aquino. Los actos.

Ellos, los allí convocados, son los que llevan el bastón en la mano. La vida política; los designios del mundo.

Actos.

Miran al cielo. Miran al dólar. Miran su ombligo. Descansan su fe en Dios. ¿Pero puede convertirse a Dios en un cómplice?

Señor Obama,  no estaría mal eliminar a Dios del dólar, que no se estampe su nombre en dinero. O, por lo menos, cambie el lema del dólar: In us God trusts.

Dios confía en nosotros. Es una forma de cambiar el punto de vista como otra cualquiera y así, ganar en honestidad.

Publicado el 08/2/2010 a las 10:38

Etiquetas: pensamiento, actualidad, política, EEUU

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