Cuando los números son rojos, los labios se vuelven del mismo color. También las corbatas. No sé si te pasa a tí, en México, en Perú, en Argentina, en Alemania, en Francia, en Colombia...Por aquí, en España, vamos así por las calles, animándonos los unos a los otros, como podemos. Al menos eso dicen las encuestas. Dicen, por ejemplo, que las españolas, ahora mismo, son las que más gastan del mundo en pintalabios de color rojo... ¿Qué te parece? Por lo visto, es muy normal que en momentos de crisis galopante suba la intensidad del carmín... En realidad, si lo piensas, es un recurso asequible para subir el ánimo; cuanto más achuchada está una más y más le da al carmín, que, al menos, el espejo esté contento con el subidón de color. ¿Que no te puedes comprar una crema cara para la cara, ni unos tomates de los buenos; si llegar a fin de mes es más costoso que aguantar dos minutos sin respirar debajo del agua? Ale, una barrita de carmín de color rojo, un día si y otro también y alegría Macarena, que en épocas peores se han llevado con donaire un clavel en la solapa, o en el pelo...
Crisis, ¡cuántas veces escuchamos tu nombre cada día! Pues has de saber que tu palabra es fea, muy fea. Fea como diálisis, como faja, como diarrea o extintor...
Todo es de color rojo. Por ejemplo, las malas notas, la hipoteca, los cobros pendientes, el color del infierno... Los labios y las corbatas, en cambio, nos demuestran que, pese a todo, el ánimo, puede intentar ir hacia arriba, al menos, de una forma doméstica. Que también es rojo, a veces, el color del sol, cuando está gordo en verano, y a todos nos parece hermoso.
¡Felices besos! Rojos.