Arco es al Arte contemporáneo lo que mi estómago al chocolate con almendras. Íntimos aliados. Después, el regaliz rojo ayuda para no perderse en el laberinto (no me termino de acostumbrar al orden en esta Feria) con un esguince en el tobillo. Al final, todos los esfuerzos partían de mi pie, y a sus pies. En medio de todo ello, como si no fuera lo más deseado del mundo, apareció la crítica de El País, en Babelia. Aquí la tienes. Es una alegría, renovada, que me trae mi segunda novela, "Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar". Permíteme la alegría y, sobre todo, el querer compartirla contigo. Un arco, también es, una porción de curva; así a veces se queda el estómago, sobre todo cuando los pequeños logros cuestan mucho esfuerzo... Será por todo esto que, en esta edición de ARCO, he visto zapatos por todos lados: en instalaciones, en lienzos, recuperados del pasado en fotografías que parecen auténticos grabados, por los suelos... Claro que, seguro que son cosas mías. Con ellos he brindado, en silencio, por esta crítica de El País y por el camino andado. Precisamente en su stand, en una magnífica instalación de Jaume Plensa se ve una metáfora del mundo, a través de un hombre, hambriento e insome y una pila de zapatos a sus pies... Aquello me trasladó dos años atrás, cuando fui de Enviada Especial a Níger, con Yo Dona cuando, precisamente, se estaba gestando "Las mujeres inglesas destrozan los tacones al nadar"... Parecía que estaba en uno de esos mercados que te venden zapatos de segunda o quinta mano (o pie) Los zapatos... Los pies... Son el motor del mundo. Con tacones o sin ellos, brindo por las aceras, por los suelos difíciles, y por esas personas que no se están quietas porque entienden que todo se puede resumir en que primero viene un paso, y después, el otro.

Publicado el 19/2/2008 a las 20:32
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