Se fué Miguel Delibes. El gran escritor de todos. Pasó ARCO.
Y, sin embargo, los dos, incomprensiblemente, se juntan para mí en esta imagen, hoy. Estas botellas formaban parte de una instalación en la última Feria Internacional de Arte Contemporáneo celebrada recientemente en Madrid.
Había botellas de litro que contenían lágrimas de dolor, otras, algo más oscuras, lágrimas de rabia. Así decía el cartel. También había litros de lágrimas de alegría. Litros de diferentes aguas; cada uno con su etiqueta.
Vienen a mí estas botellas.
Es la gota la que colma el vaso, nos dicen. Es la lágrima la que pone en evidencia una pena escondida. O una alegría desparramada por la cara.
Unos valoran las cosas por litros, contenedores, toneladas.
Otros, nos detenemos en las gotas. Pero si las gotas no son nada; ¿nada?
Lágrimas de alegría por la obra de Miguel Delibes. Esa es la botella de consuelo del creador, que nunca se va porque nos deja todo, hasta sí mismo: su obra. Una obra para deleitar a cuenta gotas, sin prisa. ¡Un brindis, Maestro!
Publicado el 16/3/2010 a las 13:14
Etiquetas: Literatura, actualidad
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